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A Moura

LAS MOURAS DE LOS ROBLES

Si tuviera que elegir un árbol de todos los que forman el conjunto de mi templo, que es el bosque, ese árbol sería el roble. Porque desde niña me contaron que dentro de él habita una Moura.

Las Mouras, en mi tierra, son muy conocidas. Se cree que han sido creadas como seres benéficos y protectores sobre todo para las niñas y niños.

Unas entidades mágicas con forma humana, hermosas y perfectas, que tienen su morada dentro de algunos árboles y transitan por los senderos de los bosques, deteniéndose junto a las aguas de los ríos y de las pozas, para contemplar su propia belleza.

Dicen también que ellas poseen la facultad de devolver la salud a quien abraza su tronco sabiendo que está abrazando a una Moura, a una Deidad menor que reparte energía y fuerza.

Se comunican sin palabras, con unos sonidos suaves y muy dulces.  Es muy posible que utilicen algún instrumento musical desconocido que ellas manejan con enorme delicadeza.

Pero lo más importante de todo es conocer el viejo secreto de las Mouras de los robles. Un secreto que mi abuela me contó y yo quiero contarte a ti…

Existen, en la corteza de los robles, unos huecos, y si una noche de Luna Llena introduces en una de esas oquedales una petición escrita de algo importante que necesites, la Moura que lo habita hará todo lo posible para que se te conceda.

Adoro a las Mouras y adoro los árboles que las cobijan.

En ellos, bajo su amparo, hemos realizado muchos rituales y hemos conseguido grandes logros, sobre todo cuando nos acercamos a las arboledas para confiar a las Mouras la salud y la protección de algún niño o niña.

Busca en tu paisaje algún roble y visítalo con frecuencia. A las Mouras, como a todas las criaturas del bosque, les encanta la compañía de los humanos.

El roble más famoso de Galicia, por antigüedad y por su enorme trayectoria mágica, se encuentra en el concello de Santa Margarida, a las afueras de Pontevedra, y está en peligro por la enfermedad que le produce un extraño hongo.

Seguramente es cierto lo de esa rara enfermedad, pero igual la explicación es otra… Ya que la leyenda dice que cuando el árbol se muere es porque la Moura que lo habitaba se marchó de allí, abandonó lo que fue su hogar durante casi cinco siglos.

Yo creo que ella echaba de menos el bosque al que perteneció durante tantos años ese árbol hoy solitario, invadido su espacio por el progreso y todos sus males: ruidos, destellos luminosos y caminos de asfalto.

Estoy convencida de que ella, ahora, está en otro lugar, en alguna arboleda de los muchas que aún quedan en nuestra geografía, buscando un roble joven y frágil al que hará crecer fuerte y poderoso y adonde no lleguen, de momento, ni los ruidos ni los contratiempos de las ciudades.

Hay artistas geniales como Marta Rial Vazquez que han plasmado la belleza de ese árbol  en lienzos exquisitos que nos servirán, si ocurre lo peor, para recordar que en ese lugar hubo un roble y en él, una Moura que cumplió los sueños de muchas personas que confiaron en ella.

La ilustración de la Moura es de Rebecca Guay.

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